Para comenzar debe localizar la caja comúnmente de madera, de forma cuadrilonga, prismática o cúbica destinada a guardar o preservar lo que en ella se deposita. Para no confundir y poder avanzar más rápidamente llamaremos a este elemento cajón. Préstese especial atención a este paso ya que es probablemente el más importante del conjunto de acciones necesarias que requiere la acción completa.
Una vez localizado el cajón, ponga especial atención en la búsqueda de estos dos elementos sin perder al citado de vista.
Fíjese en el órgano unido al antebrazo que comprende desde la muñeca a la punta de los dedos y que constituye la parte más distal de la extremidad superior. Usted probablemente conozca este elemento como mano. Si es usted observador, se percatará de que posee dos elementos de estas características, no se preocupe, es lo habitual; puede decidirse entre usar uno u otro indistintamente, no pierda demasiado tiempo en tomar esta decisión ya que puede considerarla poco transcendental. Si no posee mucho tiempo, simplemente localice uno de los dos elementos citados.
Ha localizado dos elementos, la mano y el cajón (en un caso extremo tres elementos, la mano, la mano y el cajón). Ponga especial atención en no confundir la mano con la mano y de usar la mano y no la mano.
Sin perder la mano de vista, la mano puede perderla de vista si eso le facilita la concentración en las tareas que a continuación le explico, fíjese de nuevo en el cajón. Examínelo exhaustivamente y localizará una parte sobresaliente de pequeño tamaño. Para abreviar, la conoceremos como asa o pomo.
Lleve la mano y no la mano al pomo y agárrelo con la suficiente presión para no soltarlo en el glorioso momento de la apertura del cajón. Las primeras veces en las que se realice la regulación de presión son las más complicadas, ya que se desconoce la fuerza resistencia que va a oponer el cajón.
Llega el glorioso momento de la apertura del cajón, desplácelo en dirección a su cuerpo hasta la posición en la que usted pueda ver el contenido que posee.
Lo ha conseguido. Felicidades, ha abierto un cajón. Si usted no necesitaba abrir el cajón no se preocupe, en la próxima entrega trienal le doy instrucciones sobre como cerrarlo.
viernes, 29 de febrero de 2008
Instrucciones para abrir un cajón
Para comenzar debe localizar la caja comúnmente de madera, de forma cuadrilonga, prismática o cúbica destinada a guardar o preservar lo que en ella se deposita. Para no confundir y poder avanzar más rápidamente llamaremos a este elemento cajón. Préstese especial atención a este paso ya que es probablemente el más importante del conjunto de acciones necesarias que requiere la acción completa.
Una vez localizado el cajón, ponga especial atención en la búsqueda de estos dos elementos sin perder al citado de vista.
Fíjese en el órgano unido al antebrazo que comprende desde la muñeca a la punta de los dedos y que constituye la parte más distal de la extremidad superior. Usted probablemente conozca este elemento como mano. Si es usted observador, se percatará de que posee dos elementos de estas características, no se preocupe, es lo habitual; puede decidirse entre usar uno u otro indistintamente, no pierda demasiado tiempo en tomar esta decisión ya que puede considerarla poco transcendental. Si no posee mucho tiempo, simplemente localice uno de los dos elementos citados.
Ha localizado dos elementos, la mano y el cajón (en un caso extremo tres elementos, la mano, la mano y el cajón). Ponga especial atención en no confundir la mano con la mano y de usar la mano y no la mano.
Sin perder la mano de vista, la mano puede perderla de vista si eso le facilita la concentración en las tareas que a continuación le explico, fíjese de nuevo en el cajón. Examínelo exhaustivamente y localizará una parte sobresaliente de pequeño tamaño. Para abreviar, la conoceremos como asa o pomo.
Lleve la mano y no la mano al pomo y agárrelo con la suficiente presión para no soltarlo en el glorioso momento de la apertura del cajón. Las primeras veces en las que se realice la regulación de presión son las más complicadas, ya que se desconoce la fuerza resistencia que va a oponer el cajón.
Llega el glorioso momento de la apertura del cajón, desplácelo en dirección a su cuerpo hasta la posición en la que usted pueda ver el contenido que posee.
Lo ha conseguido. Felicidades, ha abierto un cajón. Si usted no necesitaba abrir el cajón no se preocupe, en la próxima entrega trienal le doy instrucciones sobre como cerrarlo.
jueves, 28 de febrero de 2008
miércoles, 27 de febrero de 2008
Si los hoteles intercambiesen huéspedes
El 16 de noviembre de 2007 pasé mi primera noche fuera de casa (si exceptuamos aquéllas en el hospital por una inoportuna apendicitis). Toda una experiencia que tuve que justificar previamente y costear enteramente de mi bolsillo de estudiante universitaria sin ingresos.
La justificación fue difícil de conseguir y a la vez de desarmar, me entregaban un premio literario (no sabía cuál, mención especial fue después) en Sant Feliú de Llobregat y en la ceremonia de entrega se exigía la presencia de los premiados. Aprovechando la coyuntura me pasaría un fin de semana ampliado (viernes, sábado y domingo) en Barcelona. Las primeras vacaciones de mi vida.
Me alojé en un hotel sobre el que no puedo realizar un juicio comparativo porque no tengo más elementos en la comparación, pero era cómodo, confortable, de precio razonable y con una atención muy buena excepto por la cara que me puso el camarero cuando le pedí que me colara el zumo del desayuno, una de las cosas que más pueden gustarme en este mundo es desayunar un zumo de naranja y limón recién exprimido y colado.
Desde entonces tengo la fantasía cada vez que veo un hotel, especialmente si es de una gran cadena con hoteles en un amplio territorio, de que si entro dentro de uno a dormir cuando me despierte por la mañana y salga a la calle estaré en otro de los hoteles de esa cadena en otra ciudad, en otro punto de España, la fantasía todavía no es internacional y queda por saber si alguien que dormía en el sitio donde aparezca yo aparecerá en el hotel donde yo entré.
martes, 26 de febrero de 2008
Mara
No es necesario justificar nada, así que la primera entrada de este blog no es una justificación, es más bien una explicación. Que sea Mara la elegida para firmar estas entradas lo explica Víctor Heredia acompañado de Joan Manel Serrat en una canción de 1969.
Ya sabemos donde están las cosas muertas,
esos rostros de asesinos que regresan
a explicarnos que jamás hicieron nada,
no sé bien donde poner tanta tristeza.
Hoy tratemos de olvidar tanta mentira,
no quisiera darte un beso con tal pena
que presientas otra vez esas heridas,
destilando su dolor de cosas viejas.
Mara, Mara, Mara,
déjame sentarme aquí
a pensar tan sólo en vos
a mirar en tus ojos estrellas
más grandes que el sol.
Al final la vida tiene esa costumbre
de mezclar su cubilete de tal forma,
que no hay quien pueda llegar hasta la cumbre
sin sufrir estrictamente algunas normas.
Hoy sé bien adonde están las cosas muertas,
no me vengan con oscuras bendiciones,
sólo quiero un beso tibio de la vida
sin recuerdos de tortura y dictadores.
Mara, Mara, Mara,
déjame sentarme aquí
a pensar tan sólo en vos
a mirar en tus ojos estrellas
