- No tiene ningún motivo para no rendirse, salvo retrasar el momento de decir "me rindo"...
Algunas personas creen que a la hora de narrar su vida deben comenzar por el principio, no me considero una experta en biografías pero no estoy de acuerdo, pues un hecho puntual puede suponer el principio o el fin de la vida de una persona.
Antes de comenzar, me gustaría expresar que ciertas imprecisiones a lo largo del relato son intencionadas. Sé que la vida que voy a contar es la mía, y por lo tanto debería matizar los detalles, pero también sé que siempre que alguien escribe, como siempre que alguien realiza cualquier hecho, existe al menos un motivo. En mi caso, existen dos; el primero de ellos es demostrarme a mí misma que sé hacerlo, el segundo motivo es servir de ayuda a las personas que puedan encontrarse en mi misma situación, este motivo es el que hace necesarias esas imprecisiones. He de decir que para mí, ninguno de los dos motivos es más importante que el otro.
Tengo sesenta y dos años pero, aunque mi existencia se remonta a mi edad, sólo puedo marcar el principio de mi vida hace seis.
Hace seis años, por primera vez, sentí que debía reflexionar sobre lo que había sido lo que yo consideraba mi vida. Llegué a la conclusión de que para saber si había sido o no feliz, necesitaba realizar una comparación con cualquier otra vida, pero no me consideré capaz de someter a mi juicio a otra persona y recurrí a lo que el diccionario entiende como vida.
En el diccionario, averigüé que la vida es el paso de una persona por un lugar en un tiempo, pero yo no sentía haber pasado por un lugar en un tiempo, más bien sentía que el tiempo había pasado por encima de mí en un lugar.
Como esta conclusión no me hizo sentir mejor, decidí que si variaba uno de los elementos que influían en mi vida, podría cambiarla y me di cuenta de que merecía la pena intentarlo.
Mi vida se reducía en aquel momento a una existencia sumisa y cauta, basada en un máximo respeto hacia la persona que convivía conmigo desde mis dieciséis años, edad en la que mi padre lo eligió para ser mi marido.
Esta situación estaba condicionada además, por el hecho de que yo no había podido aprender gran cosa en la escuela. Al ser la hermana mayor, tuve que encargarme de cuidar a mis tres hermanos, pues mi padre trabajaba fuera y le veíamos poco, y mi madre tenía que trabajar en un telar y en el campo, además de ocuparse de la mayor parte de las labores del hogar. Cuando nació mi primer hijo, un año después de mi boda, continué con mis actividades normales y comencé a trabajar en el telar junto a mi madre. Tres años después, mi madre falleció en un estúpido accidente con un tren, en ese momento yo ya había parido a mi segundo hijo.
Me quedé sola al cuidado de toda la familia, abandoné mi trabajo en el telar y me dediqué al campo y al hogar. Mi padre y mi marido aportaban el dinero en casa. A los cuatro años, nació mi hija, y ese mismo año mi padre murió a causa de un infarto que su esforzado corazón no pudo soportar.
Desde aquel momento, mi vida transcurrió monótona y a la vez agotadora, entre el trabajo en el campo y las labores del hogar, aunque siempre pude contar con el apoyo de mi marido.
Luché para que mis hijos tuvieran la educación que yo no había recibido, con mucho esfuerzo por mi parte y por supuesto por la suya, mi hijo mayor se licenció en medicina, mi otro hijo en derecho y mi hija en arquitectura.
Hace cuatro años, mi hijo mayor combatió contra un cáncer y perdió la batalla. Éste fue el hecho que provocó la ruptura con mi existencia, pues me di cuenta de que es la vida quien debe poner trabas, y por el contrario, la persona debe encargarse de eliminarlas.
A la hora de realizar un cambio, la persona debe plantearse modificar su pasado y construir su futuro sin olvidar su presente. A menudo se confunde modificar el pasado con enterrarlo; el pasado puede modificarse, pero en caso de ser enterrado es porque también se entierra la persona, pues una persona sin su pasado no es nada. Me planteé entonces, modificar lo que había representado mi pasado.
Decidí que el matrimonio debe ser un acto de amor entre dos personas, pero a pesar de que llevaba toda una vida casada, aún no sabía qué era el amor. Le expliqué a mi marido que quería separarme, él se extrañó mucho, pues yo nunca me había opuesto a lo que estaba determinado. Tras una brusca reacción inicial, creo que él también se dio cuenta de que no había sido feliz y accedió a la separación. Mis hijos ya eran mayores y habían creado su propia vida, con lo que, a grandes rasgos, la parte de mi pasado que influía directamente sobre mi presente, ya estaba modificada.
Comencé en ese momento a prestar atención a otros detalles, me pareció importante crearme una vida social, puesto que la persona no es nada sin la sociedad. Siempre me han gustado las manualidades y el arte y me apunté a una clase semanal de pintura, donde conocí a personas que me ayudaron a integrarme en su grupo sin ninguna dificultad. Estas personas, de edades similares a la mía, formaban un grupo también fuera de la clase y pronto me invitaron a acompañarles.
Decidí entonces que era el momento de comenzar a construir un futuro, y me pregunté qué cosas me faltaban: en mi opinión, la más importante de ellas era el conocimiento, y me propuse adquirirlo. La tarea de adquirir el conocimiento es ardua e imposible de llevar a cabo sin una gran fuerza de voluntad. Conforme fui adquiriendo el conocimiento, me di cuenta de que mis aspiraciones en los estudios se dirigían hacia la historia, entendida como el conocimiento que más fácilmente permite a la persona ser libre. Como ya expliqué antes, una parte importante de cualquier cambio es la modificación del pasado, pero para que esta modificación sea efectiva se debe partir de un conocimiento del mismo, por lo que me propuse orientar mis estudios hacia ese conocimiento.
Ayer por la tarde, un grupo de mujeres mantenía una animada tertulia televisiva sobre el papel de la mujer en la sociedad. La mayoría de estas mujeres habían sido o son excelentes en algo; una sobresaliente deportista, una mujer que valientemente denunció los malos tratos a los que era sometida, una joven que superó la anorexia, una ilustre ingeniera, una cotizada actriz…, etc. engrosaban la larga lista de talentos que exponían su opinión sobre el tema tratado. Sus comienzos no habían sido fáciles pero todas habían alcanzado las metas que se propusieron. Son unas triunfadoras.
Desde un punto de vista formal, no hay ninguna similitud entre sus vidas y la mía. Tal vez sea una exageración por mi parte considerar que esta similitud existe, pero así lo creo. El próximo miércoles comienzan para mí las clases de historia en la universidad y dentro de dos meses me caso. Por primera vez, soy feliz.