lunes, 31 de marzo de 2008

Lucha

- No tiene ningún motivo para no rendirse, salvo retrasar el momento de decir "me rindo"...

domingo, 30 de marzo de 2008

Búsqueda

Cuando lo encontró, se dio cuenta de lo inútil que habría sido intentar buscarlo...

sábado, 29 de marzo de 2008

Sueño

Hoy sé que seguirás aquí cuando despierte...

jueves, 27 de marzo de 2008

Despertar

Harta de cerrar los ojos para intentar volver a dormir, los abrió e intentó volver a despertar...

martes, 25 de marzo de 2008

Felicidad

"No debería ser tan caro el bienestar de las personas que te hacen feliz" pensaba entre lágrimas conforme el cuchillo descendía con gesto firme y el piano se situaba a tantos dedos de distancia como indicaba su millonario seguro.

lunes, 24 de marzo de 2008

Historia de amor

- Te voy a dar un cursillo acelerado sobre mí... por cierto, la puerta está ahí.

domingo, 23 de marzo de 2008

Escapar

Cuando exhausta ocupó su asiento en el vuelo su acompañante comentó: - Por poco lo pierde.
Las lágrimas de victoria se adelantaron a la sonrisa afirmativa...

viernes, 21 de marzo de 2008

Tu niña valiente (II)

En noviembre el curso de Juan tenía una visita al Museo de la Minería y desde el colegio pidieron que los padres que quisiéramos acompañásemos a los profesores como monitores. Juan me insistió mucho para que yo fuese, es tan cabezota como tú, pero yo me inventé mil excusas para no ir, perdóname papá, yo no quería estar en un entorno minero otra vez, no sé si no quería o no podía, pero es que no quiero oír hablar de la mina, no puedo oír hablar de esa maldita cueva negra que me quitó a mi padre, y me siento mal por ti porque no debería sentir esto hacia lo que tú amabas. Papá, yo sé que Alfonso era tu mejor amigo, sé que cuando erais pequeños siempre estabais juntos aunque para su familia tú eras el niño pobre y él el niño rico, y sé que intentasteis mantener la amistad cuando crecisteis, y sé que cuando se convirtió en patrón tú trabajabas aún más duro porque él estuviese a gusto, pero es que no puedo evitar sentir asco cuando lo veo, no puedo ver su cara sin recordar el rostro de fastidio que puso cuando te sacaron muerto y dijo “ya perdimos a otro”. No soy tu niña valiente, papá, no puedo evitarlo,… cada tarde de Reyes a las siete…, no puedo evitar llorar cuando se habla de accidentes mineros, ni de derrabes, ni de la Primera… Generala Derecha… de la tercera planta… del Pozo María Luisa… - Disculpe, señora, ¿se encuentra bien? Valeria miró a aquel hombre que había puesto la mano en su hombro aquella tarde del 6 de enero de 2005 en que ella por primera vez en 33 años volvía a estar junto a su padre. Le miró con respeto agradecido y exultante de una nueva paz interior replicó un profundo y honesto: - Mejor que nunca.
Accésit joven del II concurso de microrrelatos mineros Manuel Nevado Madrid.

jueves, 20 de marzo de 2008

Tu niña valiente (I)

- Hola papá, soy Valeria, tu niña valiente… No sé cómo decirte todo lo que tenía pensado,… no es fácil estar aquí, ante tu tumba. Sabes bien que ya he venido antes pero nunca he estado, no quería estar porque no sabía cómo estar,… y hoy sigo sin saberlo pero nos merecemos estar juntos otra vez. No sé por dónde empezar, no sé por qué estoy llorando, ya hace 33 años, ya debía haberlo asumido pero nunca pude, no me merezco ser tu niña valiente. Tengo pocos recuerdos de cuando era niña pero recuerdo un día en casa, cuando aquel señor te preguntó cuál era tu trabajo y tú contestaste lleno de orgullo que eras picador, y yo me sentí aún más orgullosa de ti porque como tú lo dijiste parecía que era la profesión mejor y más importante del mundo. ¿Sabes? Mamá me explicó que esperabais un varón y que se hubiese llamado Valentín y como fui una mujer, tú elegiste Valeria. Ella se afanó en que yo no olvidara que con el mismo orgullo que gastabas cuando se trataba de tu profesión, decías cuando te preguntaban mi nombre, “Valeria” y como si fuera mi apellido añadías “mi niña valiente”. Yo no me merezco ser tu niña valiente, no por el hecho de que no pueda dejar de llorar cuando por primera vez me estoy sincerando contigo sino porque nunca tuve la valentía de ser yo misma, no soy valiente para la gente que me rodea, ni tan siquiera para mi propio hijo… Se llama Juan, como tú, y se parece a ti.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Tu niña valiente (Testimonio histórico)

A las 19 horas del miércoles 5 de enero de 1972, cuando se hallaba trabajando el segundo turno del día, se produjo en la planta tercera del pozo “María Luisa” en la zona denominada “Primera Generala Derecha” un derrabe que dejó enterrados a cinco de los trabajadores que en aquel momento se hallaban realizando su tarea en la explotación. Trabajaban en la zona, cinco picadores y dos inyectores de agua, que hacía pocos momentos que habían iniciado su tarea. El accidente motivó un corte total de ventilación en aquel sector, en el que se detectaron bolsas de grisú. El lugar del suceso se encuentra a unos cuatro kilómetros y medio del embarque del pozo y esto dificultó el trabajo de salvamento que se puso en marcha inmediatamente con intervención de la brigada y un continuado servicio médico. Muy pronto, consiguieron la extracción del primer cuerpo, el cuál era sacado a la superficie sobre las 10 de la noche. Se trataba de Benjamín Ordiz Álvarez, de 33 años, picador, casado y con un hijo, natural y vecino de Los Caleyos en Sotrondio. Al poco tiempo del accidente se personaron en el lugar de los hechos los altos mandos de la empresa, el delegado provincial de Sindicatos, don Antonio Cimadevilla; el presidente de la Sección Social de Sindicato del Combustible, don Noel Zapico, el delegado comarcal de Sindicatos, señor Riera, y las autoridades locales. A las dos de la madrugada, también sin vida, fue rescatado don Tomás Torre Torre, de 28 años, de La Limosnera, Ciaño, soltero, vecino de La Felguera. A partir de ese momento la noche se hizo angustiosa y larga para los mineros que esperaban saber noticias de sus compañeros, mientras, en la mina, los hombres de la brigada de salvamento trabajaban denodadamente con la esperanza de lograr rescatar algún minero con vida. Así fue, a las once de la mañana del jueves 6 de enero, salió por sus propios pies, don Darío Raigoso Seoane, de El Entrego, padre de cuatro hijos, que posteriormente sería el único superviviente y que salvó milagrosamente la vida al quedar en sus manos la manguera de aire comprimido, por la que pudo respirar hasta que los hombres de la brigada de salvamento le rescataron. Tras ser rescatado fue conducido al sanatorio Adaro, donde los médicos que le atendieron se mostraron optimistas al ver su estado. En la mañana de Reyes, de inmensa tristeza para Langreo, se personaron en las instalaciones del pozo productores de HUNOSA llegados de todos los municipios y muy especialmente del valle del Nalón. También acudieron mineros de Mieres y Siero, deseosos de saber el estado de sus compañeros. Hicieron acto de presencia también las primeras autoridades provinciales: el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, señor Mateu de Ros, quien pasó las primeras horas de la mañana en el pozo, acompañado de los delegados provinciales de Trabajo, Sindicatos, presidente de la Sección Social del Sindicato del Combustible; autoridades locales, delegado local de Sindicatos y mandos e ingenieros de HUNOSA. Mención especial merece la presencia y actividad del delegado provincial de Industria, señor Fernández de Velasco, y personal de la sección de minas. A media mañana, procedentes de Madrid, llegaron el presidente del Consejo de Administración de HUNOSA, señor Guerra Zunzunegui y el subsecretario de Trabajo, don José Utrera Molina, quien acompañado del gobernador civil, visitó a la una del mediodía a Darío Raigoso Seoane en el sanatorio Adaro. Sobre las 4 de la tarde concluyeron los trabajos de recuperación de los cadáveres de los productores don Marcelino Coto Coto, de 29 años, picador, casado, padre de dos hijos, vecino de Tiraña y don José Luis Gutiérrez Quiroga Fresno, de 25 años, picador, casado, padre de dos hijos, vecino de Fresno-Sotrondio. A las 5 de la tarde del mismo jueves 6 de enero se celebró en La Cerezal, Sotrondio, el sepelio de don Benjamín Ordiz. En la presidencia oficial del acto figuraba el subsecretario de Trabajo, señor Utrera Molina, que representaba al ministro de Trabajo; el gobernador civil, que ostentaba la representación de los ministros de la Gobernación y secretario general del Movimiento, el presidente del consejo de Administración de HUNOSA, alcalde de San Martín del Rey Aurelio y otras autoridades y representaciones. Tomás Torre Torre y José Luis Gutiérrez Quiroga fueron enterrados el viernes día 7 de enero a las cuatro y media de la tarde en la Iglesia Parroquial de Ciaño. Por su parte, el cadáver de Marcelino Coto Coto fue trasladado el viernes 7 de enero a las cinco y cuarto de la tarde desde la casa mortuoria en Celleruelo (Laviana) hasta la iglesia parroquial de Lorio, donde se celebró el funeral de cuerpo presente, despidiéndose el duelo, para continuar al cementerio de la misma parroquia. El relato titulado “Tu niña valiente” está enmarcado en los sucesos que se narran en este testimonio histórico. Los personajes que en él se mencionan son ficticios y no guardan ningún tipo de relación con los protagonistas del hecho real.

martes, 18 de marzo de 2008

21

lunes, 17 de marzo de 2008

Un hombre y su tiempo (II)

No, el ejemplo no podría ser más apropiado, ni tampoco menos. He de reconocer en las palabras anteriores un principio de altanería o de búsqueda del inmenso reconocimiento, pero en este punto de mi existencia, mis ideas y mi historia, eso a lo que jamás nadie puede desligarse, me mantienen vivo; unas ideas que pueden reseñarse cuando afirmo que si alguien aparece sobre un suelo no es para nada, y una historia articulada en este precepto. Una historia, mi historia, plagada de acontecimientos más dignos de destacar a la vista de una sociedad materialista, que el hecho de que hoy escriba una carta como esta. No es capricho de un viejo al que no le queda otra cosa; para ser sinceros es el capricho que este viejo siempre tuvo cuando en su juventud veía a sus coetáneos malocupados en las plazas y calles madrileñas. No era justo, ni lo es ni lo será nunca. Cada ciudadano debe participar en el enriquecimiento de su sociedad en mayor o menor medida, y la forma más efectiva de enriquecimiento de una sociedad se basa en un proceso de convivencia y mutua cooperación entre quienes la forman. Cada individuo puede aportar al reducido periodo de la historia en el que vive un matiz único, como única es su persona; y la capacidad para realizar esta aportación se verá favorecida en tanto que el individuo adquiera la cultura para realizarla. Más a pesar de facilitar a cada persona el acceso a una cultura, debo admitir que su educación no se completa cuando aprenden a leer y escribir o las reglas básicas de cálculo, ya que esto ni tan siquiera sucede cuando alcanzan una formación superior. Su formación, la formación de una persona sólo se completa cuando supera el difícil reto de aprender a pensar. Nadie puede descifrar el futuro, pero sí puede modificarlo, construyendo su presente.
Pedro Rodríguez Campomanes.

domingo, 16 de marzo de 2008

Un hombre y su tiempo (I)

Madrid, 1 de febrero de 1802
¿Quién del cercano y desconocido presente puede descifrar qué deparará el lejano y en tantas ocasiones idealizado futuro? Nadie se engañe, no deparará realidades cuán mejores ni peores que las actuales, caer en tal maniqueísta posición y polarizar una realidad es el mayor error a la hora de valorar la historia en su pasado, presente y futuro. El futuro, como hizo el presente sobre el pasado y éste sobre su anterior, simplemente deparará realidades, realidades que en ningún punto de la historia podrán merecer calificativos como los mencionados. Podrán ser calificadas como novedosas, no ejemplificaré por no caer en una desesperada utopía. Podrán ser las mismas realidades barnizadas por el matiz del tiempo, o de lo contrario y permitidme aquí el ejemplo, explíquenme la novedad en el hecho de que dos pueblos se enfrenten. La única diferencia es el periodo de tiempo, un periodo de tiempo acreditado por la forma en la que se produce el enfrentamiento. Sin embargo, una realidad innegable debería ser la brida que encaminase este futuro, la realidad de que serán las personas que lo vivan, quienes lo definan. El ejemplo citado no podría ser más apropiado, no hace tanto que en la corte de Nuestro Honorable Fernando VI, Dios lo haya acogido en su hermoso reino, pocas personas, apoyadas en un justo convencimiento, decidimos por el anhelado bienestar de nuestro país, el fin de la cruel guerra que durante casi dos años le enfrentó con la vecina Francia.

sábado, 15 de marzo de 2008

Agua

Nadie explicó a Hammou a su llegada a España como funcionaba un grifo, por eso intentaba desesperadamente con sus débiles manitas tapar el orificio de aquel tubo por el que se desperdiciaba un agua que en el Sáhara todos ansiaban...

viernes, 14 de marzo de 2008

Anochecer

De cómo el sol es devorado por la oscuridad y su sangre se extiende en el horizonte...

miércoles, 12 de marzo de 2008

Pandora

Pero Pandora cerró su caja justo antes de que saliese la esperanza...

martes, 11 de marzo de 2008

Cudillero, el pescador y la mar (II)

Cuando ella necesitó aliento para seguir un poco más, tú, digna competidora, mitigaste su mal acogiéndola en tu casa, masajeando sus pies cansados cada tarde, ungiéndola con tu perfume más selecto; te lo agradezco tanto… Aún así, a pesar de que como muchos dicen me has hecho perder el juicio, puedo decir emulando a los más sabios filósofos que nadie ni nada puede conseguir lo imposible, porque es eso, imposible. Su vida terminó. Una vez más me acogiste, siempre lo has hecho, estar contigo me hizo olvidar mi pena, a ti pude contarte lo que sentí, tú escuchaste lo que los oídos cerrados de quienes me reprochaban no haberla acompañado más tiempo, no fueron capaces ni tan siquiera de oír. Puedo asegurarte que me refugié en ti, porque aquel fue el impulso definitivo a creer que tú nunca me abandonarías, iluso, ¡qué fácil es perder lo que nadie considera que es parte de ti! Hoy, mis lágrimas vacías te ayudan a despertar de nuevo, quiero hacerlo pero aunque no fuera así, lo haría por justicia y gratitud. Tú, modelo para todo, lo hiciste con ella, tu rival, ¿es que no mereces que quien te amó, engalanada con aquel vestido azul, siga haciéndolo ahora que te han convertido en mendiga harapienta? Soy demasiado viejo para esperar a que tejas un vestido nuevo, será una tarea dura, porque de momento, cada día se rompen los primeros retales que tus enamorados te ayudamos a hilar. Apenas me quedan fuerzas, espero que las últimas me alcancen para llegar a tu corazón, pero si no es así, te pido mi último favor, ayúdame a conseguirlo.
01/03/2003
Primer premio del XXII concurso literario anual "Cudillero, el pescador y la mar".

lunes, 10 de marzo de 2008

Cudillero, el pescador y la mar (I)

Mi primer recuerdo tuyo trae a una ya vieja memoria sublimes bellezas, bellezas que a aquel niño de seis años al que habías protegido durante los cuatro primeros de su vida, sólo le eran consentidas durante un mes, cuando toda la familia, que durante el resto del año se distribuía en varios concejos, se reunía en la casa familiar que los abuelos disfrutaban en tus tierras, Cudillero. A tan temprana edad para quien no te conoció, tu existencia ya hizo comprender a aquel niño, que él tan sólo era un punto en la inmensidad de un horizonte limpio y puro, y si quería conservar aquel equilibrio debía devolver lo que recibía, agradables caricias del vestido de seda azul rematado con las puntillas más blancas, el vestido que ningún sastre podía imitar. Tú me bautizaste, tus olas me acunaron, tu brisa curtió el tenue tono de mi piel, fuiste mi mejor compañera de juegos y no eras envidiosa cuando yo, egoísta, te tomaba por mía, por ser quien mejor te conocía, e invitaba a todos mis amigos a tu casa. Tú conociste a la par que yo mi primer amor aquella tarde de verano, tu presencia fue alfombra hacia el altar donde… es curioso, a nadie le extrañó mi boda con ella a pesar de que yo ya estaba desposado contigo. Puedo decir que fui un privilegiado, mientras que tantas personas mueren sin encontrar el amor, yo lo encontré dos veces. Ella sólo recibía de mí lo que tras una larga jornada tú le retribuías celosa de que yo aceptara uno de sus ruegos a abandonarte, mas aún así me dio todo su amor, de eso no me cabe la menor duda. Vanaglóriate, reina, escucha ahora lo que nunca te dije por seguir manteniendo tu interés que refulgía en esa inquietud: nunca lo hubiera hecho. Aunque quisiera castigarte por robarme buenos amigos, aunque quisiera despreciarte por todos los días en que, posesiva, pedías mi presencia sin devolverme nada a cambio, aunque quisiera hacerte pasar mil penurias y calamidades, no hubiera podido, te amaba demasiado, tal y como hoy sigo haciéndolo.

sábado, 8 de marzo de 2008

Día Internacional de la Mujer Trabajadora

Renacer
Algunas personas creen que a la hora de narrar su vida deben comenzar por el principio, no me considero una experta en biografías pero no estoy de acuerdo, pues un hecho puntual puede suponer el principio o el fin de la vida de una persona. Antes de comenzar, me gustaría expresar que ciertas imprecisiones a lo largo del relato son intencionadas. Sé que la vida que voy a contar es la mía, y por lo tanto debería matizar los detalles, pero también sé que siempre que alguien escribe, como siempre que alguien realiza cualquier hecho, existe al menos un motivo. En mi caso, existen dos; el primero de ellos es demostrarme a mí misma que sé hacerlo, el segundo motivo es servir de ayuda a las personas que puedan encontrarse en mi misma situación, este motivo es el que hace necesarias esas imprecisiones. He de decir que para mí, ninguno de los dos motivos es más importante que el otro. Tengo sesenta y dos años pero, aunque mi existencia se remonta a mi edad, sólo puedo marcar el principio de mi vida hace seis. Hace seis años, por primera vez, sentí que debía reflexionar sobre lo que había sido lo que yo consideraba mi vida. Llegué a la conclusión de que para saber si había sido o no feliz, necesitaba realizar una comparación con cualquier otra vida, pero no me consideré capaz de someter a mi juicio a otra persona y recurrí a lo que el diccionario entiende como vida. En el diccionario, averigüé que la vida es el paso de una persona por un lugar en un tiempo, pero yo no sentía haber pasado por un lugar en un tiempo, más bien sentía que el tiempo había pasado por encima de mí en un lugar. Como esta conclusión no me hizo sentir mejor, decidí que si variaba uno de los elementos que influían en mi vida, podría cambiarla y me di cuenta de que merecía la pena intentarlo. Mi vida se reducía en aquel momento a una existencia sumisa y cauta, basada en un máximo respeto hacia la persona que convivía conmigo desde mis dieciséis años, edad en la que mi padre lo eligió para ser mi marido. Esta situación estaba condicionada además, por el hecho de que yo no había podido aprender gran cosa en la escuela. Al ser la hermana mayor, tuve que encargarme de cuidar a mis tres hermanos, pues mi padre trabajaba fuera y le veíamos poco, y mi madre tenía que trabajar en un telar y en el campo, además de ocuparse de la mayor parte de las labores del hogar. Cuando nació mi primer hijo, un año después de mi boda, continué con mis actividades normales y comencé a trabajar en el telar junto a mi madre. Tres años después, mi madre falleció en un estúpido accidente con un tren, en ese momento yo ya había parido a mi segundo hijo. Me quedé sola al cuidado de toda la familia, abandoné mi trabajo en el telar y me dediqué al campo y al hogar. Mi padre y mi marido aportaban el dinero en casa. A los cuatro años, nació mi hija, y ese mismo año mi padre murió a causa de un infarto que su esforzado corazón no pudo soportar. Desde aquel momento, mi vida transcurrió monótona y a la vez agotadora, entre el trabajo en el campo y las labores del hogar, aunque siempre pude contar con el apoyo de mi marido. Luché para que mis hijos tuvieran la educación que yo no había recibido, con mucho esfuerzo por mi parte y por supuesto por la suya, mi hijo mayor se licenció en medicina, mi otro hijo en derecho y mi hija en arquitectura. Hace cuatro años, mi hijo mayor combatió contra un cáncer y perdió la batalla. Éste fue el hecho que provocó la ruptura con mi existencia, pues me di cuenta de que es la vida quien debe poner trabas, y por el contrario, la persona debe encargarse de eliminarlas. A la hora de realizar un cambio, la persona debe plantearse modificar su pasado y construir su futuro sin olvidar su presente. A menudo se confunde modificar el pasado con enterrarlo; el pasado puede modificarse, pero en caso de ser enterrado es porque también se entierra la persona, pues una persona sin su pasado no es nada. Me planteé entonces, modificar lo que había representado mi pasado. Decidí que el matrimonio debe ser un acto de amor entre dos personas, pero a pesar de que llevaba toda una vida casada, aún no sabía qué era el amor. Le expliqué a mi marido que quería separarme, él se extrañó mucho, pues yo nunca me había opuesto a lo que estaba determinado. Tras una brusca reacción inicial, creo que él también se dio cuenta de que no había sido feliz y accedió a la separación. Mis hijos ya eran mayores y habían creado su propia vida, con lo que, a grandes rasgos, la parte de mi pasado que influía directamente sobre mi presente, ya estaba modificada. Comencé en ese momento a prestar atención a otros detalles, me pareció importante crearme una vida social, puesto que la persona no es nada sin la sociedad. Siempre me han gustado las manualidades y el arte y me apunté a una clase semanal de pintura, donde conocí a personas que me ayudaron a integrarme en su grupo sin ninguna dificultad. Estas personas, de edades similares a la mía, formaban un grupo también fuera de la clase y pronto me invitaron a acompañarles. Decidí entonces que era el momento de comenzar a construir un futuro, y me pregunté qué cosas me faltaban: en mi opinión, la más importante de ellas era el conocimiento, y me propuse adquirirlo. La tarea de adquirir el conocimiento es ardua e imposible de llevar a cabo sin una gran fuerza de voluntad. Conforme fui adquiriendo el conocimiento, me di cuenta de que mis aspiraciones en los estudios se dirigían hacia la historia, entendida como el conocimiento que más fácilmente permite a la persona ser libre. Como ya expliqué antes, una parte importante de cualquier cambio es la modificación del pasado, pero para que esta modificación sea efectiva se debe partir de un conocimiento del mismo, por lo que me propuse orientar mis estudios hacia ese conocimiento. Ayer por la tarde, un grupo de mujeres mantenía una animada tertulia televisiva sobre el papel de la mujer en la sociedad. La mayoría de estas mujeres habían sido o son excelentes en algo; una sobresaliente deportista, una mujer que valientemente denunció los malos tratos a los que era sometida, una joven que superó la anorexia, una ilustre ingeniera, una cotizada actriz…, etc. engrosaban la larga lista de talentos que exponían su opinión sobre el tema tratado. Sus comienzos no habían sido fáciles pero todas habían alcanzado las metas que se propusieron. Son unas triunfadoras. Desde un punto de vista formal, no hay ninguna similitud entre sus vidas y la mía. Tal vez sea una exageración por mi parte considerar que esta similitud existe, pero así lo creo. El próximo miércoles comienzan para mí las clases de historia en la universidad y dentro de dos meses me caso. Por primera vez, soy feliz.
15 de diciembre de 2003
Primer premio del concurso literario "Batallas en lila" convocado por la Asociación Mujeres Jóvenes de Asturias

jueves, 6 de marzo de 2008

El escritorio de nogal (V)

El escalofrío devolvió a Claudia la inseguridad de los días anteriores pero esta vez fue más fuerte la decisión tomada. A pesar de la poca distancia entre la vivienda alquilada y el despacho de su padre, Claudia sentía que había recorrido kilómetros y en realidad, su mente lo había hecho aunque no lo habían hecho sus pies. Introdujo la llave en la cerradura y accedió al interior del despacho.En una mesilla redonda a la entrada Claudia encontró el librito verde donde su padre registraba cada una de sus actividades con su correspondiente fecha, descubrió que la última anotación se había realizado a los tres meses de su partida a Londres y conjeturó que su padre había abandonado la contabilidad de sus actividades como notario en aquel momento. Avanzó hasta el escritorio de nogal y descubrió un libro abierto apenas a unas páginas del final, Claudia leyó el caso práctico que las páginas del libro mostraban, estaba señalado con un aspa escrita a lápiz. Recordó que coincidía con el último servicio que su padre le había referido a través del teléfono como prestado a un cliente.A la izquierda de la mesa, Claudia descubrió el portarretratos que años atrás había regalado a su padre, a pesar de estar de pie actuaba como pisapapeles de una hoja en la que el notario había escrito los datos más relevantes sobre el pasado y presente de su hija. Sobre el marco de plata reposaba una nota adhesiva manuscrita por Ernesto Prieto en la que se leía el siguiente texto: “Mi hija, Claudia. Me quiere mucho y yo a ella.”Claudia respiró hondo, a la vez que entendió por vez primera la petición de su padre, entendió completamente el significado de aquella frase que en su día había escuchado “el mundo que nos rodea nos refleja a nosotros mismos”.
Texto recogido en el libro de la II Antología de Relatos Ganadores del II concurso literario de relato breve "El laurel" como mención especial del jurado.

miércoles, 5 de marzo de 2008

El escritorio de nogal (IV)

En el momento del reencuentro con su padre Claudia sólo era capaz de recordar una de las palabras que el médico había pronunciado instantes atrás, alzheimer. Ernesto no reconoció a su hija, y decía como si de un mecanismo automático se tratase: “No entres en el despacho hasta que me muera, no lo hagas, no,… no entres en el despacho”.Claudia consultó con el equipo médico que había atendido a su padre el significado de aquellas palabras, ellos no supieron dar una respuesta y Claudia decidió no contradecir la petición. Alquiló un piso unas calles más abajo del despacho y se instaló allí con su padre.Los tres años y medio siguientes fueron duros para Claudia, dimitió en su puesto en Londres, aprendió todo lo necesario para el trato con pacientes que sufren alzheimer, y dedicó todas sus fuerzas a mantener la mejor calidad de vida posible de quien le había entregado todo lo que era.En ningún momento Claudia deseó que su padre se muriera, su conciencia hubiera aborrecido tal sentimiento dado el enorme cariño que profesaba a su padre. Aquella misma tarde de invierno, cuando la losa que Claudia llevaba a sus espaldas se depositó en el sepulcro de Ernesto Prieto, las lágrimas caían sobre sus mejillas con la misma intensidad que las gotas de lluvia aporreaban su paraguas. Muchas personas fueron al entierro de Ernesto y expresaron sus condolencias a Claudia aunque ella sentía que nadie entendía su dolor. Ellos habían perdido, al notario, al vecino, al amigo, al conocido,… ella había perdido a su padre y con él a una parte muy importante de sí misma.Dos semanas después del entierro y por primera vez desde entonces, Claudia no lloró al levantarse de su cama. Supo que aquel era el momento de entender por qué la última frase inteligible que su padre pronunció a pesar de la dificultad que ello le suponía, fue: “No entres en el despacho hasta que yo esté muerto”. Con paso aún tambaleante avanzó hacia el mueble del recibidor del piso donde se había instalado con su padre. Allí había guardado la llave del despacho prohibido. Salió a la calle, avanzó entre los transeúntes, apenas sin necesidad de vigilar que tomaba la calle correcta llegó al inmueble en el que había crecido y subió al tercer piso. Muchas veces había conjeturado Claudia el por qué de aquella petición pero nunca había llegado a entender el misterio.

martes, 4 de marzo de 2008

El escritorio de nogal (III)

Es cierto que Claudia percibía en pequeños detalles algunas dificultades en la percepción de su padre, recordaba una ocasión en la que al mediodía él le había contado que estaba a punto de amanecer. En otra ocasión, Ernesto no reconoció la voz de su hija al otro lado del hilo telefónico.En un intento por dar coherencia a los hechos, Claudia consultó estos síntomas con su médico en Londres, lo primero que éste preguntó fue la edad de Ernesto y tras la respuesta de Claudia le explicó que eran normales episodios de desorientación o pérdidas de memoria aisladas y que éstas eran sin duda, fruto de la avanzada edad de su padre. No contenta con la respuesta de su médico Claudia consulto con especialistas obteniendo idéntico resultado.El día que se cumplían seis meses de su estancia en Londres, Claudia telefoneó al despacho de su padre como todos los jueves al mediodía. Su padre le explicó que estaba en el pueblo y que había visto al tío Julián. Claudia no entendió aquella afirmación, además de estar segura de haber marcado el número de teléfono del despacho de su padre y no el de la casa del pueblo, ella creía recordar que el tío Julián llevaba muerto alrededor de cuarenta años. Cuando le pidió a su padre que repitiera lo que le había dicho, Ernesto no fue capaz de recordar las palabras que había pronunciado hacía apenas unos segundos. Claudia escuchó un golpe y la voz de su padre no volvió a contestar.Claudia telefoneó a todos los números de emergencia españoles que estaban a su alcance en Londres y no descansó hasta que en un hospital le dijeron que su padre estaba ingresado fuera de peligro, que había sufrido un desmayo y que los médicos estaban haciendo pruebas para determinar la causa. Claudia cogió el primer vuelo con destino a España.

lunes, 3 de marzo de 2008

El escritorio de nogal (II)

Ernesto podría haber cambiado el mobiliario de su despacho cuantas veces lo hubiera deseado, la situación económica distaba bastante de los obligados duros inicios, pero no lo hizo. Según explicó en una conversación en la que Claudia estaba presente, “el mundo que nos rodea nos refleja a nosotros mismos”. Claudia recordaba esa frase y sabía exactamente qué quería decir su padre con ella, el cambio del mobiliario reflejó el cambio de la posición económica. Desde entonces, aquella no había cambiado y por eso su padre no deseaba cambiar el mobiliario. Claudia recordaba muchos detalles puntuales del despacho de su padre, pero tal vez uno de ellos sobresalía en el conjunto, el portarretratos de plata que ella misma le había regalado con motivo del trigésimo aniversario del comienzo de su cargo. El notario había colocado en él una fotografía de su hija que al mes siguiente partiría a Londres por motivos laborales. Pocos días después de instalarse en Londres Claudia supo que su padre estaba teniendo pérdidas de memoria aisladas a las que no dio mayor importancia, el ajetreo de instalarse en una ciudad desconocida y comenzar una nueva vida no le permitió preocuparse. El contacto entre Claudia y su familia era regular, ella misma hablaba al menos una vez por semana con su padre y le explicaba los pormenores de sus investigaciones. A su vez, Ernesto ponía al corriente a su hija de todos y cada uno de los servicios que prestaba en aquel despacho del tercer piso. Nada entendía el notario de la ingeniería ni la ingeniera del derecho, pero ambos compartían mucho más que cuestiones laborales en aquellas conversaciones.

domingo, 2 de marzo de 2008

El escritorio de nogal (I)

Claudia Prieto sintió un escalofrío cuando la piel de sus manos encontró la llave que inquietamente se deslizaba en el bolso de su abrigo. No era fruto del contacto con el frío metal, Claudia habría experimentado la misma sensación ante cualquier realidad que llevase su mente a aquella habitación. Hacía demasiado tiempo que Claudia no entraba en aquel despacho, él le había pedido que no lo hiciese hasta el momento en el que estuviese muerto y ella decidió respetar su decisión, tal vez pretendiendo mantener vivo el recuerdo inalterable del ayer, tal vez como una simple forma de obediencia a su padre… Ella recordaba la evolución de aquel despacho, su memoria conservaba sólidas imágenes de las horas de juegos de su niñez en la salita paralela… En aquellos tiempos el despacho era modesto, la familia acababa de instalarse no sin esfuerzos económicos en aquel tercer piso, era necesario un lugar así ya que Ernesto Prieto debía tener un despacho a la altura de su recién estrenado cargo de notario. La pequeña Claudia se convirtió en mujer entre manuales jurídicos, nunca llegó a entender nada más, ni tan siquiera conocía las distintas ramas del derecho, no le interesaban, a ella la atraían las matemáticas, la física, la química, la expresión gráfica,…aunque a decir verdad, admiraba la increíble capacidad retentiva de su padre para mantener en su cabeza solidamente estructurado todo aquel saber en su opinión tan a menudo modificado. El despacho fue cambiando poco a poco, pero en cada cambio se reflejaba la historia de una vida. Aquella silla de madera tan incómoda que el notario inexperto había adquirido en los inicios y aquella mesa desconchada desde antes de su compra dieron paso con el tiempo y el esfuerzo a una silla acolchada con una moqueta azul marino y a un escritorio de nogal.